Féminas cafeínas
Hoy estoy tomando café árabe por tí.
Hoy veo tu silueta difuminada como puntillismo onírico en los
Hoy se forman las líneas de mi destino romanticón, y nadie puede evitarlo.
Con rabia cautelosa, lo balanceo frenético,
a ver si se borran algunas rayas, a ver si te dejo de ver
pero no desaparecen, se quedan insultándome, resistiéndose a mis amenazas
y quizás ahora entiendo la premisa del porvenir inmutable.
He intentado también beber por los lados contrarios,
pero las marcas siguen allí, perdidas en puntitos bizarros
tus ojos mirándome como collages de arena radioactiva
colores cafeces, aromas agradablemente gritones
que encantan los olfatos débiles y los gemidos que pululan
como nuestros fluídos sucios
como nuestras lamidas que vociferan más y más,
arremolinándose en el caviar de los abismos.
He decidido beber un buen café por tí, maldita...
a tu salud, maldita tu salud
y chillo furioso por alguien que sepa interpretar las sabidurías arcanas
las supersticiones blasfemas y cortadas por la cuchara
esas crípticamente aborrecibles; pura mierda
porque a mierda me sabe todo, incluso tú
pero con la coprofagia no tengo problemas, y a ver si te ríes de ésta:
a ver si ahora te viene el romanticismo idealista
ahora que puedo fetichizarte en mis plagios corruptos
ahora que puedo concebirte como quiero bajo mis palabras, bajo mi cuerpo
a ver si te defiendes tironeando mis versos encabritados como lo haces cuando te los digo de frente
excitándome a la distancia de los espejos,
instigándome mientras termino contigo en el despreciable y antiestético claro de luna
ese que nos mira follando en la alfombra de clavos rotos.
Te observo embelesado y te describo con las rimas más cursis:
oh angelito abierto, oh diososa de las tiradas
oh virgenoide podrida y manoseada
oh mi ninfa del toma y daca
oh perra musa, oh mi dulce rosa desflorada.
Y ya sé que se me terminó el café, y nadie pudo hacer nada...
qué quieres que te diga, maldita, si ni siquiera yo intenté evitarlo
ni siquiera el humo fracasado de los cigarros
ni siquiera mis labios en las esquinas parpadeantes
ni siquiera mis escupitajos en el fondo de la taza
ni siquiera masturbarme mirándote en fotografías atrasadas.

